Conurbano

¿La revolución de los jóvenes?: Las fiestas clandestinas van en aumento y ya son un hábito

Desde hace un año y cuatro meses los locales de diversión nocturna están cerrados en la Argentina. El país es el único en el mundo que prohibió la actividad desde el inicio de la pandemia y nunca la volvió a habilitar. Como respuesta aparecieron las fiestas domésticas, que este fin de semana parecen haber batido un record, según exponen los concurrentes en redes sociales.

Se hacen principalmente en casas quintas en las afueras del conurbano, pero dada la cantidad de encuentros clandestinos, las fuerzas de seguridad no dan abasto y las reuniones ya son incontrolables.

Las historias de Instragram se convierten en testimonios de la “rebelión”, y a su vez, son la mejor publicidad de las fiestas. “Paso ubicación”, dicen los asistentes al compartir videos de las ‘joditas’ que, en el marco de las excesivas restricciones, se convierten en un gran negocio.

Al margen del reclamo de los bolicheros, quienes aseguran que en sus locales el aforo y el uso de barbijos podría ser controlado por personal de seguridad, la actitud de los jóvenes, despreocupados por el coronavirus y con un avidez natural de sociabilizar, desorienta a las autoridades.

La perspectiva para la Generación Z no es la mejor en Argentina: Relegados en las campañas de vacunación, perdieron un año de clases presenciales, y por ende, el contacto habitual con sus pares. Mientras tanto la política parece no entenderlos y optar por la represión como método de control.

¿Será que los más jóvenes se están haciendo escuchar? El ruido de las fiesta clandestinas parece sonar más fuerte que los watts de los parlantes.

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