Conurbano

En la nueva Argentina no escribirán la historia quienes carezcan de límites y hagan de la irresponsabilidad un hábito político

La pandemia y el avance del coronavirus en nuestro país ha puesto en valor en la sociedad argentina que todas las dimensiones de la vida humana se sobreponen a las dimensiones de la economía.

Las medidas para el cuidado de los adultos mayores mejorando los ingresos y garantizando el acceso a los medicamentos a través de PAMI; el Ingreso Familiar de Emergencia; el programa de Asistencia al Trabajo y la Producción; un plan estratégico de la obra pública que llega con infraestructura social básica a cada ciudad de la Argentina; la reestructuración del 98,8 por ciento de la deuda pública bajo la ley argentina por un monto de 41 mil 700 millones de dólares para encarar un proceso de recuperación de la inversión; y la producción y el empleo. Estas son algunas medidas y acciones que en los primeros meses constituyeron una visión solidaria de gobierno, un horizonte claro hacia donde van dirigidas las políticas públicas.

El Estado, los sindicatos y los empresarios deben hacerse al entendimiento que el sentimiento patriótico en esta coyuntura no es otro que el de anteponer el bienestar general sobre los intereses particulares. Los trabajadores con conciencia de su papel histórico, los estudiantes, los empresarios nacionales, los actores de la salud, la ciencia, la cultura, el deporte, y todos los que militan estamos a la hora de que el desafío de anteponer la solidaridad al egoísmo en la unidad de una visión a futuro sea una realidad.

La política económica tiene que lograr poner al Estado, al movimiento obrero y al empresariado en un mismo sendero con el propósito de crear acuerdos sustentables para garantizar la adaptación a un mercado laboral que debe buscar nuevos horizontes de crecimiento protegiendo a los trabajadores y sus ingresos, y creando nuevas fuentes de empleo como camino inexorable hacia la realización colectiva. No existe peor pobreza que la que no permite ganarse el pan y priva de la dignidad del trabajo.

Este año que estamos atravesando una pandemia que azota a nuestro pueblo, provocando miles de muertos, golpeando nuestra economía y aumentando la pobreza. Además se cumplen 75 años de un hito histórico que marcaría para siempre a la Argentina, la irrupción del peronismo, como un movimiento revolucionario que entroncó con todas las grandes revoluciones de la humanidad. Desde su iniciación en las históricas jornadas del 45, y especialmente en el grandioso hecho de masas del 17 de octubre, que tuvo el carácter de un acto de rebeldía de la clase trabajadora contra las fuerzas reaccionarias y anti-históricas, el peronismo es sinónimo de revolución.

Sus realizaciones desde el poder y la extraordinaria trayectoria de lucha y sacrificio de sus bases, después, lo confirman. Y este octubre nos atraviesa e interpela fuerte, ya que este 27 se cumplen 10 años del fallecimiento de Néstor Kirchner, sin dudas el mejor presidente desde la vuelta a la democracia, que nos propuso un sueño, de reconstruir nuestra propia identidad como pueblo y como Nación, la construcción de la verdad y la justicia; de tener una Argentina con todos y para todos.

Este octubre debe ser un punto de inflexión para el Frente de Todos, la historia una vez más nos pone a prueba y es sin dudas nuestra máxima fortaleza la unidad en la diversidad, no como un mero slogan de campaña, sino como fuerza política que saque a millones de argentinos de la pobreza y construya un futuro promisorio a las nuevas generaciones, que cuide a los argentinos, y se plantee la necesidad de lograr grandes consensos en torno a la importancia de un Estado que cuida la salud y la educación pública, la necesidad de cuidar el trabajo desde una visión solidaria, el compromiso en tener la mirada puesta en los más pobres, y la visión de unidad nacional como camino a la grandeza patria.

Alberto Fernández, como presidente de los argentinos, es quien mejor expresa y representa al movimiento, que es nacional, popular, humanista y cristiano, y que entiende a la solidaridad como inescindible en la construcción de la justicia social, la soberanía política y la independencia económica; y que encuentra en Cristina Fernández de Kirchner la mejor referencia para traducir ese mensaje a fuego en cada militante.

El imperativo de esta hora, de quienes creemos que la política tiene el desafío de construir destinos compartidos como Nación, es acompañar un gobierno que está poniendo todo su esfuerzo en cuidar la vida de los argentinos, poner en marcha la economía, el trabajo y la producción y señalar las conductas que no tienen otro objetivo que destruir y desprestigiar. En la nueva Argentina no escribirán la historia quienes carezcan de límites y hagan de la irresponsabilidad un hábito político.

Opinión de Rodrigo Estigarribia
Referente de la Mesa Provincial del Movimiento de Restauración Peronista

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