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Informe especial: Sin cuarentena eterna, así es la normalidad en los municipios del mundo

“Si esto no es el ‘viva la pepa’ podremos seguir abriendo actividades, si no, habrá que retroceder porque el riesgo es muy alto”, dijo hoy el gobernador bonaerense Axel Kicillof cuando anunció una “apertura condicionada e intermitente de ciertas actividades”. Lejos, muy lejos de la realidad que viven municipios de todo el mundo, tanto por el lenguaje coloquial de sus gobernantes como por las decisiones que toman al respecto de las libertades individuales que no se restringen a gusto de infectólogos y políticos.

SM Noticias recorrió un distrito de las afueras de Londres para comparar como es el día a día de los ciudadanos de un municipio británico frente a la segunda oleada de la pandemia del coronavirus.

Con los números sobre la mesa, Reino Unido tiene 65 millones de habitantes, de los cuales se contagiaron de COVID hasta la fecha unos 590 mil, resultado arrojado por 27 millones de testeos. Argentina, con 45 millones de habitantes tiene casi 900 mil infectados, pero con solo 2 millones de testeos, por lo que los casos evidentemente son superiores, por decenas de miles.

Gran Bretaña aplicó una cuarentena masiva, o confinamiento total de la población, por poco más de un mes. Medida resistida por gran parte de población, fue la única restricción que impuso el gobierno para bajar la curva ascendente de casos tras intentar aplicar la metodología de inmunidad de rebaño, estrategia que estaba colapsando las unidades de terapia intensiva hospitalarias.

Hoy, a casi 7 meses de decretada esa cuarentena, los ciudadanos no tienen ningún tipo de limitación en sus vidas. Utilizan el transporte público libremente, sin necesidad de descargar aplicaciones móviles de control social; se pueden trasladar a lo largo del territorio nacional, entre jurisdicciones, por vía terrestre, marítima y aérea; y todas las actividades económicas se desarrollan regularmente.

Esa nueva normalidad, que es la continuidad de la vieja normalidad, se ve en las calles de cualquier ciudad del país. La gente utiliza escasamente mascarillas ni respeta distancia social. Parecen no estar al pendiente del virus. No hay sensación de pánico, y el gobierno tampoco la genera.

Los centros comerciales y locales gastrónomicos tienen protocolos lógicos y horarios reducidos. Las escuelas están abiertas, también los gimnasios, clubes y actividades deportivas en general.

El rebrote de la segunda ola de casos que afecta a Europa parece no modificar las aperturas. La gente elije convivir con el virus hasta que una vacuna sea efectiva para inmunizar al mundo, algo que puede tardar años.

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