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MAXIMO LUPPINO: LA SONRISA DEL GENERAL

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Los grandes referentes de vida y conducta se han proyectado como un haz de luz magnífico a lo largo de la historia de los pueblos. Su pensamiento vivo trascendió por mucho la artera erosión del tiempo falaz y profano que pretende, a través del olvido, que perdamos nuestras referencias morales y espirituales. Alguien nos sugirió que cuando nos asaltara cierta confusión o desconcierto pensáramos: ¿Qué haría tal o cual prócer ante el dilema o duda que nos aqueja? Por supuesto sabemos que muchos amigos y compañeros recurren al sólido edificio doctrinario peronista y así develan las momentáneas dudas. Estamos en un todo de acuerdo con este método de referencia ideológico sobre criterios a adoptar.

Nosotros, además, recurrimos a una imagen siempre viva que guardamos celosamente en nuestros corazones. Esta es la figura límpida, nítida y energética del general Perón con su eterna sonrisa. Lo evocamos con camisa blanca y sus pantalones altos casi interminables que acariciaban sus zapatos brillosos recién lustrados. Pero también lo traemos a nuestras vidas con sus atuendos de general de la Nación Argentina, con su bagaje sanmartiniano de conocimientos militares; caminando pausadamente por los jardines celestiales de sus propios anhelos gloriosos de grandeza para nuestra patria.  Pero, más allá de los transitorios atuendos, nos sentimos subyugados por su sonrisa sabia e infinita, comprensiva y cálida. En esa sonrisa laten aún hoy las esperanzas de tantos buenos militantes que no se prestan a ser confundidos ni manoseados… ¡Perdón, seguimos siendo peronistas de PERÓN! No necesitamos de intelectuales de cotillón o de profesionales de la comunicación que nos pretenden enseñar a balbucear, cuando ya hace tiempo aprendimos a hablar de corrido. No pretendan “regalarnos” el cuentito del joven YUPI burgués que, con tarjetas de créditos doradas, admira los otrora episodios de Sierra Maestra.

De la confusión y el entrevero nada buenos sale. Los pueblos no se detienen a admirar simplemente un puñado de fotografías atractivas, más bien son protagonistas de la película heroica que se proyecta en la ardua cotidianidad de los duros jornales de trabajo. La historia sigue solemnemente empapada de auténtico peronismo. No necesitamos que nos subtitulen nuestra propia vida, está hablada y sentida  en nítido idioma nacional. Hace un puñado de años cuando el general Perón ya había retornado a nuestro país, un titular de un periódico decía: ¡”El general sonríe, el pueblo está tranquilo”!... Compañeros, a estar atentos, a no prestarnos a ingresar distraídamente a la licuadora ideológica. Somos hijos de una historia argentina que sigue abrevando de la cristalina fuente espiritual de San Martín, Rosas, Perón. Estamos inmersos en un drástico proceso de decantación con demasiados episodios dramáticos de por medio. Pero, tranquilos, compañeros, el General PERÓN sonríe.

Máximo Luppino

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