José C. Paz, el distrito más contaminado de la provincia de Buenos Aires llegó a un punto de colapso, no solo por los residuos que se depositan a toneladas en distintos megabasurales, sino también por su propia estructura de personal, que con cerca de 6 mil empleados duplica al vecino San Miguel, distrito que tiene más habitantes. Los basurales fueron una excelente excusa para la reducción del organigrama, pero seguirán siendo un problema para la ciudadanía.

La basura

Vecinos de José C. Paz y Pilar han presentado sus quejas por los dos basurales a cielo abierto lindantes con el arroyo Pinazo, uno de ellos ubicado sobre la avenida Saavedra Lamas y el otro en Ruta 8. Las protestas por estos centros de transferencias ilegales han generado movilizaciones. Finalmente lograron ser atendidos por autoridades municipales pero con poco éxito.

El inconveniente de estos lugares son los constantes problemas de salud que generan debido a la quema de basura y a las enfermedades que transmiten los roedores. Cabe también destacar que el Municipio de José C. Paz permitió que los lugares sigan funcionando a pesar de una clausura del Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible. También el gobierno de Ishii presentó un plan de adecuación ambiental que fue rechazado por la Fiscalía de Estado por ineficiente y no contemplar aspectos básicos, a todo esto los basurales siguen funcionando.
Esta situación también generó quejas desde la oposición, la cual ha presentado pedidos de informe en varias ocasiones dentro del Concejo Deliberante.

Los ñoquis

En medio de este escenario, la Municipalidad adhiere al Pacto Fiscal que propuso la gobernadora María Eugenia Vidal que repercutirá en asistencia financiera y autorización para contraer endeudamiento. Una de las clausulas que impone este acuerdo es la adecuación de la planta de personal a la cantidad que realmente necesita una comuna de las características de José C. Paz. Sobredimensionado en al menos 2 mil empleados -tiene un total de 5500- se desconoce función alguna de casi todo ese excedente, ya que el distrito tiene la mitad de dependencias que sus vecinos San Miguel y Malvinas Argentinas, pero el doble de empleados públicos, ya que estas comunas cuentan con 3500 y 2500 respectivamente.

La basura y los ñoquis

Lejos de tocar la planta política, Mario Ishii empezó el ajuste con funcionarios y empleados. Anunció que echó a toda el área de Bromatología y Medio Ambiente, encabezada por Roberto Penunzzio, pero no especificó las causas.
Se desprende que el escándalo de los basurales puede ser causal del masivo despido, sin embargo la dirección no tiene relación con la recolección y la basura, ya que se limita a fiscalizar el agua de los tanques de comercios e industrias y hacer el control de calidad. De existir “irregularidades” como indicó en redes sociales, no acompañó su manifestación con una denuncia judicial.

A Ishii le queman las papas, tiene que deshacerse de cientos de ñoquis pero no quiere pagar los costos políticos de cortar con años de una costumbre habitual de los barones del conurbano: Los empleados fantasma.